BRIGGITTE BARDOT "B.B."


Nació en Paris, en el siglo pasado,
En septiembre del año treinta y cuatro.
Su nombre original era Camille,
Pero este nombre...  le dura solo un rato.

De revista de modas y belleza,
En el año cincuenta fue portada,
Son su rostro precioso y muy perverso,
Y se abre paso como “sexi” ya marcada.

Vadim la conoce y se enamora,
Y la lleva hasta un departamento,
Allí la seduce y la desflora,
Y ella feliz, por el tan magno evento,
Le pregunta dichosa al compañero,
Si después de consumado aquel evento,
Ya era mujer, pero mujer de veraz,
Y el le contesta; mujer ciento por ciento.


Feliz B.B., corrió hacia la ventana,
Y desnuda gritaba entusiasmada,
Ya soy mujer, mujer ciento por ciento;
La B.B., se encontraba realizada.


Roger Vadim la pide en matrimonio,
Pero su padre lo recibe “a bala”,
Briggitte, aquí, intenta suicidarse,
Si el padre el matrimonio no le avala.

Por fin se casan pasando sus dieciocho,
Y en Négave, luna de miel pasaron,
De regreso la B.B. ya era una estrella,
Y del sexo, como diosa la encumbraron.

El perfil de Briggitte se va acentuando,
Con frases que Vadim le fabricaba,
Y con filmes “atrevidos” para entonces,
La bomba sexi, casi el cielo ya tocaba.

En “Los fines de semana de Nerón”,
Extravagancias de actrices ella crea,
Briggitte pide, leche de burra, pura,
Y se baña como lo haría Popea.

Un millón de francos es su tarifa,
Por un film que ella protagonizara,
“Dios creó a la mujer”, del mismo Roger,

Fue el primero que ese precio le pagara.

La imagen de B.B., ya está en la cumbre,
Con su boca sensual, y medio abierta,
Cabello largo, rubio, algo ondulado,
Y con ropas que ajustan “su indecencia”.

En la cinta que ya habíamos nombrado,
Que con Louis Tritignag protagoniza,
Se “empelota” con su nuevo compañero,
Y los celos a Vadim le causan risa.

Se divorcian Vadim y la Briggitte,
Y ella al tal Louis, lo lleva su aposento,
Pero al muchacho lo alista la milicia,
Y se trunca ese romance de momento.

El nuevo “Boom” invade este planeta,
“Bardolatría” dezplaza a otras actrices,
Como a la rubia Marilyn de “gringolandia”,
Y otras cuantas con roles de meretrices.

Mientras B.B. se sigue desnudando,
En actuaciones y en su vida privada,
Los moralistas la viven censurando,

Pero a la estrella poco le importa: nada.

Sus historias de amor continuarían,
Gilbert Becaud, siguiente fue en la lista.
Jacques Charrier le sigue en el romance,
Y Alain Delon;( no hay quien se le resista).

Sacha Distel, cantante muy discreto,
Que la utiliza, queriendo ser famoso,
Infraganti la pilla con Jacques Charrier,
Y nadie oculta este escándalo enojoso.

“Pasé a ser la puerca, horrible, pecadora”,
(Dijo B.B. con muy claro vocablo),
“Una mujer quiso sacar mis ojos;
Mi foto en Roma la comparan con el diablo”

De Jacques Charrier, quedó ella embarazada,
Pero a B.B. le asusta ser la madre,
No quiso al hijo, ni verlo, menos criarlo,
Y a Nicolás, tuvo que criarlo el padre.

Amantes, otros mas, que son narrables,
Cual Sami Frey, o Clousot, el realizador.
(La esposa de Clousot fue la suicida,
Cuando B.B. fue y le robó su amor.)

Un deportista del Brasil, don Bob Zaguri,

Recibe complacido esos amores.
Y confiesa el cantante don Bob Dylan;
Para ella es la mejor de mis canciónes.

Serge Gainsburg, otro famoso amante,
Graba con ella, el bohemio cantautor;
Una canción, en la cual una pareja,
Cosas se dicen, cuando hacen el amor.

Un Play boy alemán, muy millonario,
Gunter Sachs, la seduce con sus cosas,
Por ejemplo; se eleva en autogiro,
Y desde el cielo le fue arrojando rosas.

También intimo con Warren Beatty,
Y borra las marcas que Gunter le dejó.
Luego en alcohol, estuvo sumergida,
Y en su bohemia salió con Gigolós.

Alain Bougrain, la salva de esa vida,
Y a los gatitos, su amor les dedicó,
Pero ese hombre en tres años la abandona,
Y otro suicidio que intenta la Bardot.

Cierta vez un vecino va y la acusa,

De castrar a su burro favorito,
Porque acoso sexual le hizo a su burra
Y aquel acto la B.B. no ha consentido.

Bernard D´Ormale, el último de lista,
No le dura un comino el matrimonio,
Al poco tiempo lo sacó con policía,
En una riña o trifulca del demonio.

Colofón de esta historia de Briggitte,
Es que ella siempre será un mito sexual;
Quizás por siempre amó a su compañero,
Pero que aquí; no sabemos cual es cual
.

EDUARDO VIII


Don Eduardo octavo, amaba a su amante,
Con tanta vehemencia, que por ella dio;
De Inglaterra el trono, cedió su corona,
Y a pesar de todos, con ella se unió.

Wallis se llamaba, de apellido Simpson;
Era la “gringuita” que a Eduardo atrapó,
Tenía mucha fama de ser “casquifloja”,
Y no era muy buena su reputación.

Eduardo la amaba tan intensamente,
Que por ella entonces, su trono abdicó,
No quiso por ella, seguir de monarca,
Y tan solo un año, cual rey gobernó.

Fue tanto y tan fuerte el amor por Wallis,
Que antes de morirse, Eduardo ordenó;
No ser sepultado, en real mausoleo,
Quiere que lo entierren, con Wallis su amor.

Aunque se especula, que el no tuvo hijos,
Hace poco tiempo se le confirmó,
Que en Cali, Colombia, le nació una hija,
Una americana, su fruto de amor.

Historia muy tierna, nada hubo de cuernos,
Tampoco de sexo, solo fue de amor;
Solo que confirma ese viejo adagio:
“Yo doy mi corona por tan bella flor”.

EDUARDO II DE INGLATERRA

La Historia nos cuenta, que allá en Inglaterra
Hubo un rey un día; muy poco varón,
Le colocan cuernos; grandes, relucientes,
Solo porque a hombres, entregó su amor.

Eduardo Segundo, fue un rey de Inglaterra,
Nació en el castillo de “Caernarfón”,
De Leonor fue hijo, y de Eduardo primero,
De ésa descendencia, fue único varón.

Conoció él, en Francia, a la Isabelita,
Y en ciudad Bolougne se casan los dos,
A Isabel de Francia le dicen “La Loba”,
¿Qué clase de loba? Lo sabrá mi Dios.

Su gobierno es débil, intrigas no faltan,
Su esposa encabeza la sublevación,
Lo tachan de “raro”, por que tiene amores,
Con unos Despencer, y Piers Gavestón.

Mortimer (Sir Roger), e Isabel su amante,
Los dos le declaran total rebelión;
Los ayuda el Papa, y allá, desde Francia,
Planean su caída y la gran invasión.

Con Eduardo preso; la reina y su amante,
Deciden matarlo, sin más compasión,
Penetran en su ano, daga al rojo vivo,
Y matan a Eduardo, por ser “maricón”.

Dicen los chismosos, o los humoristas,
Que al sentir la daga, solo murmuró;
“Yo muero en lo mío, muero de contento,
Que hombre tan ardiente, que a mí me tocó.”

EDIPO


La Mitología nos cuenta esta historia,
Un caso de crimen e incesto mayor,
De un joven que un día matara a su padre,
Y con su propia madre, después se acostó.

Yocasta y Laio casaronse un día,
Y resulta estéril, por cierto, esta unión;
Se van de consulta y allí les dijeron,
Que si nace un niño matará al “patrón”.

Al poquito tiempo, la hermosa Yocasta,
Trajo al mundo un hijo, un hijo varón,
Y Laio temiendo que éste lo matara,
Al niño ata a un árbol y lo abandonó.

Esa tarde Forbas, paseando en el monte,
Encontrose al niño, este buen pastor;
Apiadase entonces y recoge al niño,
Llamándole Oidipus, con el lo llevó.

Lo llevó a sus reyes, Merope y Polibo,
Y el recién nacido a ellos encantó;
Lo adoptan, lo quieren sin ningún prejuicio,
Y allí en su palacio, el niño creció.

Edipo consulta, oráculo en Delfos,
Y allí le revelan su verdad de horror,
Le hablan del incesto que habrá con su madre,
Y que de su padre será el matador.

Huyendo al destino, no vuelve a palacio,
Y un carro a su paso se le atravesó;
Se forma una riña, Laio estaba en ella,
Y sin saber quien era, Edipo atacó.

Mató pues a Laio, su padre de veras,
Y primera parte, el destino cumplió;
Después llega a Tebas, buscando fortuna,
Y se enfrenta a un monstruo a cual derrotó.

Como recompensa por matar al monstruo,
A Edipo le pagan con cetro y amor,
Lo mandan al lecho de la misma reina,
Ella era Yocasta, la que lo parió.

Así lo predicho, todo se cumplía,
De su propio padre, el fue el matador,
Cayó en el incesto con su propia madre;
Más el fue inocente, nada fue su error.

ANA DE MENDOZA - LA PRINCESA DE ÉBOLI

Dicen que fue de carácter muy altivo,
Que fue rebelde, dominante, apasionada;
Que fue voluble, como todos los Mendoza,
Y que su vida, en su niñez, fue muy calmada.

Que pierde un ojo en práctica de espada,
O tal vez fue por montar en yegua arisca;
Otros dicen que la niña no era tuerta,
Que su ojo se tapaba por ser bizca.

A pesar de su parche en el ojito,
Nos cuentan que era dama muy bonita;
En el día de su boda la describen,
Como novia bonita, aunque chiquita.

La casaron de solo doce abriles,
Con noble segundón de Portugal;
Era Ruí, mucho mayor que ella,
Y el “casorio” no pueden consumar.

Pasa un lustro y la joven señorita,
De miel la luna, ya puede realizar;
En trece años que dura el matrimonio,
Llegan seis hijos a alegrar su hogar.

Ya Princesa de Éboli, es Anita;
Además es Duquesa de Pastrana;
Su marido la colma de riquezas,
Y es famosa por ser muy noble dama.

Cuando muere su marido, ella se aísla,
En el convento que fundó Santa Teresa;
Allí se queda rodeada de sirvientas,
Y la Abadesa la apodó: “monja princesa”.

La leyenda le acomoda sus amantes,
Felipe, el rey, dicen que fue el primero;
Luego le asignan a su “secre”, Antonio Pérez,
Pero nunca lo comprueban por entero.

Ésta historia la montó don Escobedo,
Pero dice Marañón que no fue cierta;
Que una lágrima nada más derrama ella,
Por la simple razón de que era Tuerta.

DU BARRY JEANNE BECU

Es la hija natural de un viejo ex-monje,
Y su madre Anne Bècu de Cantigny;
Aristócrata y condesa fue su abuela,
Y su abuelo, un cocinero de Paris.

Por esa sangre azul que había en sus venas,
En convento para nobles, fue educada;
Se codeó con las niñas de las cortes,
Y salió cual gran dama preparada.

Se empleó con una viuda, de “lectora”,
Y despierta en el sexo, en sus albores,
La viuda sigue a Jeanne y la sorprende,
Cuando entrégale a su hijo, sus favores.

Como era bella, irresistible y seductora,
Atrajo hombres, del común y nobles;
Se convierte en la amante de Du Barry,
Y maneja su lugar de apuestas dobles.

Conoce allí a Richelieu; mariscal-duque,

Y éste a Luis XV, la llevo con sutileza;
El rey se prenda de la nueva madame,
Por su porte, su elegancia y su belleza.

El rey Luis XV, la convirtió en su amante,
Y quiso, incluso, que Jeanne fuera su esposa,
Pero se oponen el clero y la familia,
Y en “favorita del rey”, quedó la cosa.

Con el conde Du Barry, el rey la casa,
Para darle un lugar en la nobleza;
Con esto la introduce en el palacio;
Y su amante, ahora es noble condesa.

Por el hecho de ser “la favorita”,
Se vuelve blanco de las oposiciones,
Y a pesar de conducta irreprochable,
Es atacada con mil difamaciones.

Tras muy cruel agonía, el rey se muere,
Y en un convento, la condesa es recluida,

A instancias de la tal María-Antonieta,
Jeanne marchita lindos años de su vida.

Cuando la sacan de su prisión injusta,
Aún es bella y con riquezas a montón;
Como es soltera y no tiene compromisos,
Tiene amores con Hercule-Timoleón.

Pero Hercule-Timoleón, es perseguido,
Cuando estalla, revolución francesa;
Lo masacran en las calles parisinas,
Y a los pies de Jeanne, traen su cabeza.

Ella es juzgada y sentenciada a muerte,
Su ruego por su vida, salió en vano,
Su cabeza, pierde en la guillotina,
Mientras le gritan: “es la puta del tirano”.

DOOLITTLE HILDA


Hilda Doolittle, nacida en Pensylvania,
Fue una escritora de poemas amorosos,
Y en sus escritos utiliza los modelos,
De amor lésbico,” hetero” y tormentoso.

Conoció a Ezra Pound, que era un poeta;
El fue influyente en su vida y sus escritos.
Se comprometen los dos en un romance,
Pero esta relación no dura un “pito”.

Conoce a Frances Gregg; una estudiante,
Su confianza y amor, Hilda se gana;
Inician pues, relaciones especiales,
Y allí debuta en el amor como lesbiana.

Aunque se casa, e incluso tiene hijos,
Ser bisexual, tiene sus prioridades.
Consigue amantes sin importar el sexo;
Disfruta todo, con bondades y maldades.

La relación con Frances se le va enfriando,
Y conoce otra mujer; Brigit Patmore,
Y aunque tienen relaciones amorosas,
Ésta la trae a un señor que la enamore.

Richard se llama el señor que le presenta;
Con él se casa, e incluso le da una hija;
La niña muere y Richard se distancia,
Pues no desea relación rara y prolija.

Tiene un amor platónico y extraño,
Con D. Lawrence. (Famoso y escritor)
También convive con un amigo de éste,
Con un tal Cecil, quien luego la embarazó.

Conoce Bryher, británica escritora,
Y se convierten en amantes de por vida,
Mas las dos no abandonan a los hombres,
E inclusive pasan noches compartidas.

Bryher se casa con un señor, McAlmon,
Y el se convierte en amante de las dos.
Se divorcia y se casa con Macpherson,
Igual con este, hacen un trío de amor.

Hilda era virgo, nació el diez de septiembre,
Amantes tuvo, mujeres, matrimonios;
Si siendo “virgo”, tuvo vida tan dispersa,
Que habría pasado, de haber sido “capricornio”.

DENIS DIDEROT

El mismo dijo que vivía en libertinaje;
En sexo y en bohemia, todo haría;
Los amores y lecturas van marcando,
En Denis, lo que más le gustaría.

A Antoinette Champion, conoce un día;
Ella era pobre y humilde costurera;
Quieren casarse y el padre no lo aprueba,
Y lo encierra en un convento en primavera.

Denis se escapa del convento en pocos días,
Y camina por el campo hasta Paris;
Se enferma entonces y Antoinette lo cuida,
Y en secreto se casan; y él feliz.

La vida conyugal, no es "pera en dulce";
Pues Denis es impuntual, desordenado;
Se la pasa en cafés y en las parrandas,
Y regresa a la casa trasnochado.

Comienza un amorío clandestino,
Con Madame de Puisieux, primera en lista,
De una serie de amantes “oficiales”,
Que mantiene Diderot siempre a la vista.

Y después de tener muchos romances,
Se enamora de una dama solterona;
Poco de sexo, sostiene con aquella,
Ella era seca, erudita y cuarentona.

Sophie Volland, es el nombre de la dama;
Con ella tiene un amorío sin par;
Por muchos años se cruzan bellas cartas,
En el más bello romance epistolar.

Y fue Sophie, la erudita con gafas,
La que a Denis, el escritor, le dio la media;
Con sus cartas y su empuje lo llevaba,
A escribir y terminar la Enciclopedia.

Esto comprueba que el sexo no lo es todo,
Que si hay amor, habrá mucho que hacer,
Que detrás de los hombres que son grandes,
Siempre estará involucrada una mujer.

DALILA


Ella era bella, sutil y seductora,
Mas, no sabemos si fue rubia o fue morena,
Y aunque era sexi, muy linda y primorosa,
Preguntamos a Sansón: ¿valió la pena?

Dalila a Sansón fue seduciendo,
Por encargo de un jefe filesteo;
Y muy pronto lo metió en su lecho,
Sin que fuera menester el himeneo.

Querían saber de Sansón lo necesario,
El porqué de su fuerza poderosa;
Y Dalila con el poder del cuerpo,
Sacaría esa verdad tan misteriosa.

Ella lo mima, lo calienta y le da vino,
Y le hace ver que es una bestia en celo;
Sansón excitado y ya borracho,
Le contó que su fuerza está en el pelo.

Después de tenerlo dominado,
Con el vino y ese placer que daba,
Dalila se consigue unas tijeras,
Para cortarle aquello que colgaba.

Las trenzas a Sansón, ella le corta,
Y salió con el pelo, cual trofeo,
Entregando a Sansón a los guardianes,
Diciendo que así calvo era muy feo.

Y ésta fue la historia de Dalila,
La filistea que dio el cuerpo por su raza.
(Señoras: piensen mal si sus maridos,
Llegan sin fuerza y trasquilados a la casa.)

DAFNIS

Su madre lo abandona siendo infante,
En hermoso sembrado de laureles;
Allí es criado por las ninfas y pastores,
Que cuidaron de sus amaneceres.

Favorito de dioses como Apolo,
Como Pan; que lo enseñó a cantar;
De las musas que le inspiran poesía
;
Y que él compone por sus dioses deleitar.

Una náyade cuyo nombre era Xenea,
De él se enamora y le hace prometer;
Que jamás haga el amor, si no es con ella,
Y si incumple, pierde el don de poder ver.

Dafnis resiste numerosas tentaciones,
A él lo persiguen por ser hermoso y macho;
Y una princesa lo enamora y le da vino,
Y Dafnis cede; pues lo cogió borracho.

La náyade, si cumplió lo prometido;
Lo deja ciego y para Dafnis es suplicio;
Deambula por el valle y sin ver nada,
Él se mata cayendo a un precipicio.

Moraleja hay aquí para los hombres,
Y que yo les transmito desde luego:
No se emborrachen cuando salgan mujeres,
Porque el vino al amor, lo deja ciego.

DAFNE


Era una Ninfa particular la Dafne,
Pues ella jura, jamás darle a un varón,
Sus encantos, su cuerpo, ni su canto;
No empeñaría jamás su corazón.

Un día cantando, la sorprende Apolo,
Y se prenda de ella en ese día;
Dafne lo advierte y para su cantata,
Está asustada y no encuentra una salida.

Apolo quiere conquistar la bella ninfa,
¿Usando su poder? ¡Si! Desde luego;
Ella suplica, por piedad, que se detenga,
Pero el dios seductor es sordo al ruego.

Dafne se echa a correr como una loca,
No sabe a donde ir, ya no hay salida;
Entonces pide a la Tierra que la ayude,
Ésta la escucha, y le cambió la vida.

Su suave piel, se cubre de corteza,
Su cuerpo de mujer, tronco se forma,
Sus cabellos se vuelven un ramaje,
Y poco a poco en un árbol se transforma.

Apolo lloró triste frente al árbol,
Y lo único que pudo, fué abrazarlo.
Dicen que hay muchas mujeres en el mundo,
Que “de palo” se convierten, "pa´ no darlo”.

CUPIDO

Es el niño que a través de muchos siglos,
Famoso ha sido en la mitología,
El con sus flechas une los corazones,
Y convierte cualquier ruido en melodía.

Era el hijo de Venus y de Marte;
Los dioses del amor y de la guerra.
Por eso es que no hay paz en los amores,
Y tendrá celos, quien al amor se aferra.

Amoroso es él, y a veces despiadado;
Tiene dos flechas que a discreción dispara;
Una es de amor, de romances y pasiones,
Y la otra flecha indiferencia nos depara.

Flecha de amor que atraviesa una pareja,
De dicha cantarán los corazones;
Mas si es la otra, la de la indiferencia,
Los buenos quedarán como “buenones”.

Pero el niño travieso, no es inmune;
Su propia flecha, se clavó él un día;
Se enamora de Psique solo al verla,
Y allí bailó con su propia melodía.

Como Psique es mortal, y él del Olimpo,
No debe ella verle la cara ni un poquito;
Por eso ella con pasión cierra los ojos,
Cuando Cupido la seduce y le hace rico.

(Tal vez por eso las mujeres de hoy en día,
En sus noches de placer y sin disipo,
Cuando están con su pareja ensimismadas,
Cierran los ojos, y a pensar en otro tipo.)

Pero un día la ingenua de la Psique,
Abre los ojos en medio de quejidos,
Le ve la cara a Cupido sin reservas,
Sin saber que con esto lo ha perdido.

Los castigan por el acto irreverente,
Y estas almas de amor son separadas;
A ella le ponen las más terribles pruebas,
Que va sorteando con fuerza de enamorada.

Por curiosa, (al fin mujer) la dulce amante,
Abre una caja allá en el inframundo,
Y la caja emana un gas que a Psique duerme,
Dándole muerte en un sueño profundo.

Pero Cupido enamorado va y la busca,
Cuando la encuentra la saca de ese sueño;
Ya puede verlo: los dioses los perdonan,
Y Cupido de la Psique ahora es su dueño.

Cupido que es amor, y Psique El Alma,
Se unieron y de la unión, hija les nace;
Su nombre fue Placer, (igual Voluptas);
Voluptuoso placer que satisface.

CHILPERICO I

Chilperico primero, rey de Neustria,
Tiene historia de abusos y descaros;
Pero en su vida en sí, los que intervienen,
Parece un festival de nombres raros.

Intervienen entre otros personajes;
Ingunda, Clodosinda y Childerberto;
Sigiberto, Gontran y Pretextato;
Fredegunda, Brunilda y Teodoberto.

Chilperico está casado con Audovera,
Y enseguida se casa con Galsuinda.
Pero nunca abandonó a la Fredegunda,
Que era su amante y por supuesto la más linda.

El matrimonio con Galsuinda es un fracaso,
Pues Chilperico lleva vida disipada;
Y a Galsuinda, la mata Fredegunda,
Quien pretendía ser, la única amada.

Más adelante matan a Chilperico,
Asesinado por Brunilda o Fredegunda;
Quizas fueron las dos; nunca se supo,
O tal vez lo mató una vagabunda.

Con esta carta de nombres tan extraños,
No importa al fin la que le dio la muerte.
Y si queda alguna duda con el nombre,
Mejor nos lo jugamos a la suerte.

COLETTE - SIDONIE GABRIELLE


Sidonie Gabrielle su nombre era,
Hija de Sido y Colette, el capitán;
Disfruta muy feliz su tierna infancia,
Y ya adolecente conoce un charlatán.

Henry Gauthier que era apodado “el Willy”,
Logra atraparla y ella entregó su amor,
Sin saber que el tal Willy era un canalla,
Un parisino, vividor y explotador.

Se casaron y Willy “sacó las uñas”,
Al descubrir que su esposa era escritora,
Publica sus escritos y él los firma;
Y además cuernos le pone a su señora.

Indignada contra su infiel esposo,
Desesperada, como esposa burlada,
Colette se libera poco a poco,
Y se dedica a una vida disipada.

Baila desnuda en Paris y en otras partes,
Sostiene varios romances homosexuales,
Con la hija de un gran duque y con Auguste,
Y con otras… para calmar sus males.

Ella escribe, enseña y se empelota,
Lleva una vida ligera y agitada;
Se divorcia por fin de Henry (Willy),
Y se casa con Jouvenel ya más calmada.

Fue prolífica y grande esta escritora;
Sus obras son de exquisitez hermosa;
Fue inteligente, tierna y encantadora
También fue gay, “estriptisera”, escandalosa.

CLITEMNESTRA


Hija de Tindáreo y Leda; Clitemnestra.
De Helena hermana y de los Dioscuros;
Casó con Tántalo, en sus primeras nupcias,
Y a éste lo mata Agamenón, un día oscuro.

Después de que matan a su esposo,
Ella es casada, a la fuerza, al asesino;
Un oráculo predice que a su hija,
También la mata Agamenón: es su destino.

Esto hace que Clitemnestra monte en odio,
Y por siempre desprecie a su marido;
Que le ponga los cuernos con Egisto,
Y planee darle muerte al “mal-partido”.

Entretanto Agamenón que estaba en Troya,
Conoce a la Criseis: linda adivina;
Se la asignan como trofeo de guerra,
Y el la toma como su concubina.

Agamenón con Criseis, vuelve a Micenas,
Y allí lo espera Clitemnestra con su amante;
Entre los dos le tienden una trampa,
Y lo matan sin dudarlo ni un instante.

Mas la historia de Clitemnestra no termina;
El romance con Egisto continuaba;
Hasta que Orestes que era su propio hijo,
Toma venganza por su padre y la mataba.

Enseñanza que le queda a las señoras,
Que con su amante no maten a su esposo;
Mejor que dejen al que sea menos querido,
O vivir con los dos...? No: es peligroso.

CLEOPATRA


La historia de esta reina nos seduce,
Y no se encuentra “sabiondo” que no opine;
Que ella era fea, pero tenía su encanto,
O que era hermosa; como salió en el cine.

Lo cierto es que está bien lo que tenía,
Pues con ello, sedujo a dos famosos;
A dos hombres que dominaban todo,
Dos hombres de ese tiempo poderosos.

Ella se casa, según eran sus leyes,
Con su hermano de doce años: Tolomeo.
Con dieciocho ya es mayor la Cleopatra,
Mas el muchacho no consuma el himeneo.

Cuando en Egipto toda guerra se perdía,
Cleopatra usó un ardid que al mundo asombra,
Se metió en la alcoba del mismo Julio Cesar,
Casi desnuda, escondida en una alfombra.

Julio Cesar que ya le tenía ganas,
Se lleva la sorpresa de su vida;
El extiende la alfombra en su aposento,
Y le queda Cleopatra allí extendida.

Al otro día amanecen en la cama,
Gozando del amor… en su apogeo;
Mas son pillados por Potino y otro egipcio
Que es su hermano y esposo Tolomeo.

Julio Cesar, ordena al rey que es Tolomeo,
Que devuelva ese trono a su consorte;
El rey accede, pero de clara guerra,
Y como pierde, ella volvió a la corte.

Ya después de tanta intriga y tanta guerra,
Los amantes descansan a su estilo,
Van gozando de su amor y de sus triunfos,
En crucero placentero por el Nilo.

Finalmente estando los dos en Roma,
Un revés a Cleopatra da la suerte;
Asesinan a su Cesar en palacio,
Y Cleopatra es sospechosa de esa muerte.

Luego con Marco, el romance es diferente;
Dicen que fue violento y tempestuoso,
Tiempos de amor, de celos y de entrega,
Tiempo feliz, y tiempo tormentoso.

Por más que aquellos se amaran mutuamente,
Nunca renuncian a cumplir con sus deberes,
Él, comandante de ejército romano,
Y ella la reina de Egipto y sus haberes.

Marco es jovial, apuesto y mujeriego,
Gran estratega, era fuerte y arrojado;
Ella sutil, tierna, hermosa y seductora,
Conquista al fuerte con su trato delicado.

Duran trece años aquellas relaciones,
Entre Cleopatra y el “fortachon” Antonio;
Amantes son de fantástica leyenda,
Aunque nunca se habló de matrimonio.

Viviendo aquel idilio, se descuidan,
Y sus acciones van ofendiendo a Roma;
Ésta declara la guerra a Marco Antonio,
Y el reinado de Egipto se desploma.

Marco Antonio derrotado y sin un norte,
Recibe, falsa, una noticia de la muerte
De Cleopatra, el amor de sus amores,
Y decide darle final a aquella suerte.

Desesperado decide suicidarse,
Hiriéndose en el vientre con su espada,
Mas no muere de inmediato en aquel acto,
El fue a morir en los brazos de su amada.

Pasado este episodio doloroso,
Cleopatra a Octavio, seducir intenta.
Pero al Octavio no le gustan sus narices,
Y la desprecia con tamaña afrenta.

Haciéndose vestir de seda y oro,
Decide ella cortar su vida ingrata;
Trae una cesta con higos y una cobra,
Mete la mano y aquel áspid muerde y mata.

Desde entonces Cleopatra es asociada,
Con expertas en amor y seducciones,
Que se inventan las trampas placenteras,
Donde caen como moscas los varones.

CLAUDIO. - Tiberio Claudio Cesar Augusto Germánico


Dicen tenía, aspecto de grandeza,
De dignidad; ya fuera en pie o sentado,
Que el era hermoso, pero si caminaba,
Se notaba “tembleques” y agachado.

Su madre, al pobre Claudio despreciaba;
Lo trataba de “imbécil” y “rareza”.
Le decía “caricatura de hombre”
Que era “un aborto de la naturaleza”.

El cojeaba y sufría de epilepsia,
Y de esclerosis y tics en la cabeza;
Si enfadaba, le goteaban las narices,
Soltando espuma por la boca, cual cerveza.

En su vida amorosa es diferente.
El fue distinto a sus antecesores;
El no gustaba del homosexualismo;
No tenía “novios” como otros emperadores.

Contrajo nupcias con la Livia Medulina,
Y para este matrimonio no hubo pacto.
Mas Medulina murió ese mismo día,
Fue de repente: Dicen que fue en el acto.

Se casa entonces con Plautia Urgulanilla,
Poco después de romper un compromiso,
Que había adquirido con su prima Emilia Lépida,
Que por razones políticas deshizo.

Con Urgulanilla, Claudio tuvo descendencia,
La niña Claudia y a su hijo Claudio Druso.
Mas repudia a la niña por los cuernos,
Que Urgulanilla con libertos fue y le puso.

Se divorcia por los cuernos y otras cosas;
Por sospechar que ella mata a su cuñada.
(Además la niña llamada Claudia,
Nace después que la pareja es separada.)

Se casa ahora con Aelia Paetina,
Nace otra Claudia, con esta nueva esposa,
Y se divorcian porque Aelia de él abusa.
(Moralmente, porque en sexo no lo acosa.)

Tras matrimonios varios, ya fracasados,
Se casa con Valeria Mesalina;
Con ésta el caso se tornó mucho más grave,
Porque ella en sexo, el placer no lo escatima.

Mesalina muchos cuernos le coloca;
Ninfómana es, y es muy descontrolada;
Llegó inclusive a competir con prostitutas,
"Quien en la cama más varones aguantaba".

Agripina la menor, su última esposa,
Ambiciosa y audaz, logra enredarlo;
Esta le miente, manipula y cornifica;
Y ya a Claudio, por su honor, mejor guardarlo.

JULIO CESAR


De sus esposas, primero fue Cossutia,
Joven muy rica, mas sin nobleza alguna;
El la repudia y se casa con Cornelia,
Hija de Cinna, quien también tiene fortuna.

Terceras nupcias contrae, y es Pompeya
La que sigue en su lista de consortes;
Según dicen la Pompeya lo engañaba,
Con un joven patricio de la corte.

Se divorcia y se casa con la cuarta,
Que Calpurnia Pisonis se llamara,
Ella si lo acompaña hasta la muerte;
Mas su historia de amor, aquí no para.

Du descendencia causó gran controversia,
(El hijo de Cornelia, es la excepción).
Sus otros hijos quedaron siempre en duda,
Incluyendo al de Cleopatra: Cesarión.

Sus conquistas de amores se paseaban,
Entre la alcurnia y sociedad romana.
Según Suetonio fueron muchas las mujeres,
Mas nombraremos solo algunas “casquivanas”

Cornificó a Sulpicio con Postumia,
Y a Gabinio con Lollia, que era su esposa;
A Licinio Craso con su cónyuge: Tertulla,
Y a don Pompeyo, con su Mucia fue la cosa.

Con Servilia Cepionis, también sale;
Y a ésta sí, su corazón entrega.
También le entrega una perla, la más cara;
Ella es la madre de su Bruto y el no niega.

También mantuvo relaciones con Eunoe,
Del rey de Mauritania, era la esposa.
Con séptima versión de Cleopatra,
Reina de Egipto y tal vez la más hermosa.

Los affaires de amor de Julio César,
Fueron tantos… y muchos no narrados.
Era tal su inclinación a estos placeres,
Que este verso cantaban sus soldados.


“Ciudadanos, vigilad a vuestras mujeres:
Traemos a un adúltero calvo.
Has fornicado en Galia
Con el oro que tomaste prestado en Roma".

LA CELESTINA

La Celestina, como el nombre nos lo indica,
Tiene que ver con sexo amor y cuernos;
Es la alcahueta del sexo clandestino,
Y a veces también tapa amores tiernos.

La Celestina que aquí nos interesa,
Protagoniza la gran tragicomedia,
Que fue escrita por don Fernando Rojas,
Y que data del final de la edad media.

Buscando su halcón llega Calisto,
Hasta el huerto de Melibea un día;
El la ve y se enamora como un loco,
Pero aquella con ese hombre no quería.

Por consejo de Sempronio que es su criado,
El Calisto va y contacta a Celestina.
Esta que ahora maneja dos prostitutas,
Es experta en las citas clandestinas.

Haciéndose pasar por vendedora,
Celestina entra a casa de Melibea;
Le vende una oración para las muelas,
Y el plan prepara, de amores, como sea.

En complot con sus “nenas” y los criados,
Con el diablo hace un pacto, la alcahueta,
Que se enamore de Calisto, Melibea,
Y un criado esquivo, con su “nena” comprometa.

Le pagaron el favor a Celestina,
Con unas joyas que discordias despertaron;
Los criados que ayudaron querían parte,
Ella no dio, y sus “socios” la mataron.

Los criados de Calisto se van presos,
Las prostitutas, se quedan sin amantes,
Calisto huyendo se mató en una caída,
Y la chica se suicida en el instante.

Esa es a grandes rasgos la tragedia,
En que muer la alcahueta y los “pichones”.
Celestinas, hoy en día hay por doquiera,
Que nos venden chicas lindas por montones
.

CATALINA PARR

Tiene u puesto especial en las historias
De Inglaterra; la reina más casada.
Cuatro esposos y tres veces enviuda;
Amantes; uno, en su vida equilibrada.

De quince años contrajo matrimonio,
Con Eduardo Borough, primer esposo.
Con este aguanta, la unión solo dos años,
Y él se muere, pero pasó sabroso.

A los veintiuno se casa nuevamente,
Con Juan Neville, otro Lord de la Inglaterra.
Este aguanta un poco más, tal vez nueve años,
Pero igual, Catalina es quien lo entierra.

Tras la muerte del Lord, don Juan Neville,
Se consigue un amante que es Barón;
Era varón, con “B” larga y “V” corta,
Que no se muere… le sale aguantador.

Conoce entonces al rey Enrique Octavo,
Y el reyecito, de ella se enamoró;
Se casaron y vivieron muy felices,
Y el nuevo esposo, cuatro años le duró.

Tras la muerte de su tercer esposo,
Se casa entonces con el que fue su amante;
Este si dura… (¿Vendría con garantía?)
Y la deja embarazada en un instante.

Se complica su parto y ella muere.
Pero fue aguantadora; eso fue cierto:
Doscientos años más tarde abren su tumba,

Y resulta “enterito”; "¡que buen cuerpo!"

CATALINA II DE RUSIA

Mucho se dijo de la rusa Catalina,
Mucho de cierto y de mentira un poco;
Se cuentan historias escabrosas,
Pero esas, muy terribles, yo no toco.

Con Pedro se casó siendo muy joven;
El era un duque inmaduro e impotente;
Por supuesto, el matrimonio les fracasa,
Porque a la luna, esa de miel, no le entro el diente.

Don Pedro (infiel), Se consiguió una amante,
Elizabeth Vorontsova se llamaba;
Catalina lo triplica con los cuernos;
Consigue tres: su apetito no calmaba.

Estanislao, Sergei y Charles Williams,
Eran los nombres de los tres “apetitosos”;
Se vuelve amiga de una dama que es ¿cuñada?
Es la hermana de la amante de su esposo.

Emperatriz de la Rusia es Catalina,
Y tiene amantes a granel, tales y cuales;
No podía controlar sus apetitos;
Fueron muchos, y aquí van los principales.

Grigori Orlov, fue uno de los primeros;
La historia nos contó que era muy bello;
Luego pasó Valssilchik, de nombre Alexis,
Que a la dama hipnotizó con sus destellos.

Pero llega el gran amor de Catalina;
Gregorio Alexandrovich; afortunado,
Erudito, muy guapo y musculoso,
Como era cruel, también tierno y agraciado.

El le propone matrimonio a Catalina,
Y aunque era tuerto, siempre la tuvo entre los ojos;
Ella se niega y mejor le da riquezas,
Poder y gloria, que el acepta sin enojos.

Con don Gregorio, la magia sexual acaba,
Pero el sigue prestando sus servicios;
El le presenta a Iván, Simón y a Pedro,
Que allá en la alcoba, le calmarán su vicio.

Otro bello y virtuoso amante llega,
Es Alexis Lanskoi, también hermoso;
Pero a este lo mata don Gregorio,
Pues el “tuerto” se puso muy celoso.

Le sucede por un año un nuevo Alexis,
Alexis Ermolov, su nombre era;
Duró muy poco, porque al “tuerto” Gregorio,
Le cayó mal. Y él deja lo que quiera.

Alexis Mamonov (Huy que apellido),
Sigue en la lista de amantes especiales;
El al abandona por una princesita,
Ella lo aprueba y pagó sus esponsales.

Y su último amante conocido,
Era un teniente de la caballería;
Platón Zubov, menor que ella, muchos años;
El la acompaña hasta el día en que moría.

Catalina La Grande, fue llamada,
Y el listado de amores fue muy cierto;
Tan solo quedaría una pregunta:
Que nos digan al fin…¿Qué fue del tuerto
?

CATALINA HOWARD

“La rosa sin espinas” le decían,
A Catalina (prima de Ana Bolena),
A los doce años inicia su aventura;
Muy jovencita se perdió esta nena.

Henry Mannox, fue su primer romance;
De música y amor fue su maestro;
Luego pasó el joven Francis Dereham,
Quien fue su amante; y en amores era diestro.

Ella vivía con su abuela en una casa,
De huéspedes, mansión de visitantes.
Allí se enreda en amores con los clientes,
Consiguiendo fácilmente sus amantes.

Consiguió un empleo con la reina,
Y pasa a ser su dama de compañía;
Allí el rey, Don Enrique, la persigue,
Por supuesto que la reina no sabía.

El rey muy pronto, anuló su matrimonio,
Y se casa con la joven Catalina.
El gordo rey ya frisaba los cincuenta,
“La rosa sin espinas”; una niña.

A pesar de riquezas y poderes,
El matrimonio aquel, no era lo suyo,
El cuerpo de ese rey le fastidiaba,
Su panza lastimaba hasta su orgullo.

Catalina buscaba y conseguía,
Amoríos y amantes por doquiera;
En la corte, en la guardia, o en la calle,
Muy poco le importaba como fuera.

Un cortesano, del rey un favorito;
T. Culpeper, se convirtió en su amor;
Y mientras tanto y simultáneamente,
Seguía flirteando con clientes de la mansión.

Las aventuras de la linda descarriada,
Llegan a Enrique a manera de rumor.
Este comprueba que era muy “cornificado”,
Y enfrenta el caso con sin igual rencor.

Ordena muerte a Culpeper y a Deraham,
A Lady Jane quien fuera su celestina,
Y a Catalina que le quiten la cabeza.
(El resto no; pues la nena es muy divina).

Ella ensayó como entrar al cadalso:
Verse muy bien, quería al fin y al cabo.
Y fue otro caso de amores y de cuernos,
Donde pierden la cabeza por un rabo.

CATALINA DE VALOIS (O DE FRANCIA)

Se casó con el rey Enrique quinto,
Entregando como dote La Corona.
¿Sería tan fea... para tan alto precio?
O el Enrique muy sagaz, va y los embroma.

La coronan como reina de Inglaterra,
Pero entrega su Francia a los ingleses;
La ambición de Inglaterra, rompe a Francia,
Por el miedo y cobardía de los franceses.

Ella enviuda justo al año siguiente,
Y sufre mucho con su pueblo destrozado;
La exilian de la corte sin su hijo,
Y en cuatro años nada le ha mejorado.

Comienza entonces furtivas relaciones,
Con el noble gales; Owen Tudor,
El es “bueno”, atractivo, buen aspecto…
Y con esto, el se gano su amor.

No se sabe si algún día se casaron,
O si vivieron su romance clandestino,
Los cronistas dijeron sin reparos,
Que la reina lo tenía a el “como marido”.

Los tutores de su hijo; Enrique sexto,
Los metieron a la cárcel… fue muy harto;
A el lo liberan y va a una guerra,
Y ella parece que se murió de parto.

CARLOS - PRINCIPE DE GALES


Entra también al grupo de famosos,
Por sus romances el príncipe de Gales;
No han sido muchos, pero sí sonoros:
¿Son solo tres?.. Son tres los principales.

Se casa con la rubia Diana Spencer,
Que era maestra de alguna guardería.
Ella se “roba” el show; protagonismo;
La poca prensa que el señor tenía.

Según los medios, el divorcio llega,
Por los mutuos cuernos que los dos ponían,
Ella con uno, que es empleado de confianza,
Y él con Camilla sus amores mantenía.

Aparte de Camilla, el príncipe flirteaba,
Con otras damas famosas del momento,
Se supo que salió con Barbra Streinsand,
Y con ella la paso como en un cuento.

Muere Diana y Carlitos se destapa,
Y su amor por Camilla, lo confiesa;
No aguanta más y por civil se casa,
Con la “vieja” de marras: Que tristeza.

A Camilla su amante vitalicia,
De Cornualles, convierten en duquesa.
Ese título parece bien le encaja,
Por los cuernos puestos a la nobleza.

CARLOS II DE INGLATERRA


Al no haber hijos con su esposa Catalina,
Se dedica a los amores más que dobles;
Tiene amantes en altas cantidades,
Muchas de ellas esposas de los nobles.

Nombraremos solamente aquellas damas,
Con las cuales el rey Carlos fue prolijo,
Esas damas que pasaron por su vida,
Y parieron a su rey, sus muchos hijos.

Margarita Carteret le dio a Jacobo,
Llamado a la sazón, Jacobo Estuardo;
Otro Jacobo habrá con Lucía Walter;
Jacobo Crofts, se llamaba este bastardo.

Con Lucía Walter, repite, (y van dos hijos),
Y María Crofts, se llamará la hijita;
Aunque dudaron si era de el, o de un Enrique,
Reconoce finalmente a la chiquita.

Isabel Killigrew, la vizcondesa,
Le da otra niña con el nombre de Jemina,
Y viene un niño llamado Carlos Fitzcharles,
Pero este, se lo dio fue Catalina.

Catalina (Pegge), también repite,
Le da otra niña, que también es Catalina;
Ella es Fitzcharles, también como su hermano,
Pero luego se convierte en sor Cecilia.

Bárbara Villiers, de Clevelan, es la duquesa,
Le da seis hijos, casi en años de seguidos;
Carlos y Ana que son Palmer de apellido,
Serán Fitzroy, al ser reconocidos.

Enrique, Jorge, Barbarita y la Carlota,
Todos Fitzroy, hijos de la duquesa,
¿Mas son del rey? Siempre nacieron dudas,
Que quedarán, porque nunca hubo certeza.

A Leonor Gwynne, le propinó dos hijos:
Jacobo y Carlos; Beauclert fue su apellido.
Hay otro Carlos, hijo de Luisa Renata,
Otra condesa, de las tantas que ha tenido.

Para variar, con una actriz se mete,
Con María “Moll” que es célebre cantante;
Con ella engendran a María Tudor, y acaba,
Con más de veinte hijos y… campante.

Esta historia enseña a las mujeres,
Que a su esposo deben cuidar un poco,
Si no lo hacen, pueden correr el riesgo,
De que el hombre se convierta en “pipi-loco”.

CASANOVA GIACOMO










El Famoso aventurero veneciano,
Don Giacomo Girolamo Casanova,
Inspiró el “don Giovanni” al maestro Mozart,
Y su apellido identifica al “caza bobas”.

Según dice en “La historia de mi vida”,
Donde escribe sus locas aventuras,
Ciento treinta y más; son sus conquistas,
Burlándose de todos siempre a oscuras.

En un “ménage à trois” con dos hermanas,
Su tierna inocencia perdería,
Cumpliendo apenas sus diez y seis abriles;
Y ya mostraba el apetito que tenía.

Cumple veintiuno, y mamá lo lleva a Roma,
Para que entre a los servicios religiosos,
Y adopta condición de frailecito,
Pero sigue en sus “affaires” amorosos.

Por ser “perro”, lo botan de ese puesto,
Y allí empezaron sus viajes y aventuras;
Conoce entre otras a su amada la Henriete,
Mujer que lo protege a él en las “duras”.

Volvió a Venecia y otro escándalo sostiene;
Un “ménage à quatre”, él va y se organiza,
Involucra a un Abad y a dos monjitas;
Fue una orgía de amor… y no una misa.

Por ser “brujo” y practicar la magia,
Y por muchas acciones depravadas,
Es internado en la prisión de “plomos”,
Mas con un monje, de la cárcel, se escapaba.

Se fue a Paris a codearse con los nobles,
Con Luis quince con madame y con su corte;
Pero allí Casanova vuelve y peca,
Y huyo de la ciudad con otro norte.

Va por Europa conquistando damas:
En Barcelona, de un capitán, la esposa.
El Capitán lo descubre y lo encarcela,
Pero el repite que su vida es muy sabrosa.

Deambulando por Italia, más romances,
A Leonilda se conquista por ahora;
La chica le propone matrimonio,
Y lo presenta con su progenitora.

Al ver a la mamá de la Leonilda,
La reconoce, pues ella fue su amante,
Sin importar si la chica era su hija,
“Ménage à trois”, organiza en el instante.

Muchas damas pasaron por su vida;
Su voraz apetito no saciaba.
Me pregunto si a demás de tantas “viejas”
El loco de Don Juan… ¿se masturbaba?

CASANDRA

“La que enreda a los hombres”: es Casandra;
Al nombre literal, falta justicia,
Otra cosa es que nadie a ella le crea,
Mas no enreda los hombres con malicia.

Mitológica mujer de antigua Grecia,
Era Casandra, tan bella en fantasía,
Que el dios Apolo, va y le propone cama,
Y a cambio dar le el don de profecía.

Ella le acepta, y se vuelve gran profeta,
Y para Apolo es su primera predicción:
“Jamás, mi dios, con usted voy a acostarme,
Nunca por esto tendrá mi corazón.”

Apolo entonces al sentirse traicionado,
Aunque la amaba, su condena sentenció;
Que nadie crea sus predicciones nunca, nunca.
Él la maldijo y en la boca le escupió.

(Casandra ahora debería ser la patrona,
De unos sujetos, que no tienen a nadie que les crea
Que nos predicen en T.V. cual será el clima,
Y no aciertan, ni con clima ni marea.)

Volviendo ahora con la mitología,
Con Troya en guerra, allá Casandra estuvo,
Y el Ayax la violó tras una estatua,
Y predecir esto… Casandra nunca pudo.

Como la estatua era imagen de Atenea,
Ésta se ofende por la vil violación.
Condena a Ayax a morir en un naufragio,
Y lo ejecuta el dios Poseidón.

Al rey Agamenón es entregada,
La Casandra, en plan de concubina,
Y al rey que ahora es su amante, ella le muestra,
Que conserva sus dotes de adivina.

Le dice que, mientras él guerreaba en Troya,
Su mujer, Clitemmestra, lo engañaba,
Que no fuera a escuchar lo que ella indique,
Porque o sino; su existencia allí acababa.

Agamenón en Casandra no ha creído;
Y ella recuerda de Apolo la sentencia:
Que no le crean, así sea por vida suya.
Y a ella y a él, los matan sin clemencia
.

CAROLINA DE MONACO

Escribió alguien; que nació para ser bella,
Un tanto triste y de sonrisa hermosa,
Con su presencia, todo Mónaco ilumina,
Esta princesa es realmente primorosa.

Siendo la hija de una actriz como Grace Kelly,
Ella le hereda su donaire y su atractivo,
Y de su padre que es el príncipe Raniero,
La sangre azul, su gran clase y su apellido.

Philippe Junot, un playboy reconocido,
Primer marido entre tantos pretendientes;
El hombre no es muy grato en la familia,
Y lo aceptan pero a regañadientes.

A los dos años se divorcia la pareja,
Y el Vaticano no lo acepta; que no puede;
Mas puede más el poder del principado,
Y después de años, diez, la “Santa… Sede”.

El segundo marido, un millonario,
De nombre Stefano, menor que ella,
Se muere en altamar, en su deporte,
Dejándole tres hijos y honda huella.

Ella entonces se dedica a sus tres hijos,
Poco a poco su dolor fue mitigando,
Mantiene relación con Vincent Lindon,
Y su triste corazón va consolando.

Se enamora de Ernesto de Hannover,
Que es un príncipe que ya estaba casado;
El se divorcia para unirse a Carolina,
Le da una niña, y este cuento se ha acabado.

En todas partes los hombres la adoraron,
Y la admiraron tras un manto de tul;
Esta mujer de singular belleza,
Fue para muchos nuestra “Princesa Azul”.

CAROL II DE RUMANIA


Desertando del ejército se escapa,
Con su amante, Marie (Zizi) Lambrino
Con esto empieza su historia de romances,
Que no paran porque el hombre es my ladino.

Eleni, que princesa fue de Grecia,
Fue su esposa en el segundo matrimonio;
Luego conoce a Magda Wolf Lupescu,
Y en su amante la convierte “el muy demonio”.

Fue tan grande la aventura con Lupescu,
Que la corte, a la chica deportara,
Pero él la busca y en Paris vive con ella;
Como otro, porque el nombre él se cambiara.

Varias veces el rey Carol pierde el trono,
Por su vida sexual tan agitada,
Lo acusaron de corrupto y de morboso,
Su obsesión por el sexo no paraba.

Por la Lupescu, se corrompió el gobierno,
Pues su influencia es muy oscura y vil;
Finalmente él desfalca la corona,
Y se casa con su amante en el Brasil.

BARBRA STREISAND



Barbra Streinsand según la biografía,
Tuvo romances y affaires importantes,
Con figuras de Jet Set muy conocidas,
Que pasaron en su vida como amantes.

Con Dianita de Gales ” compartía”,
No solo a Carlos, el príncipe y consorte,
También Dody Al-Fayed fue compartido;
Que tal las dos; mirando al mismo norte.

Carlitos la admiraba desde joven,
Y en su pared colgaba sus retratos.
Cuando la actriz pasaba los sesenta,
La tuvo Carlos; en el noventa y cuatro.

Con Al-Fayed también hubo aventuras;
El joven Dody la tuvo entre las cejas;
Esto demuestra que esos dos enamorados,
Compartían el mismo gusto por las “viejas”.

Barbra Streinsand, cosechó entre sus conquistas;
Ryan O´Neal, Steve McQueen, Kris Kristofferson,
Omar Sharif, Peter Weller, Tommy Smothers,
A Richard Gere, a Jon Voight y hasta Don Johnson.

Hay otros más en la lista de invitados;
El joven Sydney, hijo de Charles Chaplin;
Un tenista campeón: Andre Agassi,
Y el ultimo romance con James Brolin.

Pero su último affaire, (no comprobado),
Fue con tabaco, de bragueta, y mucho whisky,
Hubiese sido duramente criticado,
Pues fue con Clinton, como Mónica Lewinsky
.